27
ene
12

Los hermanos Lioi: pasión por repartir /

Por Andrés Fluxa /

Juan Pedro y Domingo Miguel Lioi tienen 67 años y no conocen el mar. Entre otras cosas, el trabajo que tienen, no les permite viajar; pero hay muchas más que han ganado gracias a él.

Nacieron el 1º de abril de 1944 y quizás, para muchos que los conocen (porque son muchos los que los conocen) esté demás decir que son gemelos. En 1946, a los dos años, se fueron de Bell Ville y se vinieron a Cañada de Gómez, o mejor dicho, para reproducir su forma de contarlo, “bueno, nos vinimos… mejor dicho nos trajeron, porque con dos años…”.

Hasta 1974, hasta los 36 años, vivieron en el campo. Luego se trasladaron a la ciudad y comenzaron a trabajar en la cartonera. Allí estuvieron por 9 años hasta que pudieron comprar el reparto de diarios. El resto de la historia, el resto de sus vidas, es historia conocida y fácil de contar: por más de 30 años, repartir día tras día.

Los Lioi reparten, no sólo diarios, porque a la tarde, cuando terminaron con las noticias y las revistas del corazón, siguen repartiendo. A lo largo de todo este tiempo repartieron de todo: carbón, jugo, recibos del cable, guías telefónicas, huevos de pascuas, budines y, en este momento, agua.

Celular:

- Siiii… hola… ahhh… quiere que le lleve agua. Bueno, pero hoy no. No, no puedo hoy. Tengo una conferencia de prensa. Si, una conferencia de prensa, me están haciendo una nota. Si, si, bueno, mañana, mañana. Chau.
- ¿Querían agua?
- Uhhhh… con este calor nos vuelven locos.
- Así que a la tarde también salen.
- Si, siempre nos gusto estar en la calle. Cuando estamos en nuestras casas nos aburrimos, no podemos estar. Y en la calle conocemos a todo el mundo. Estamos en todos lados. Algunos no se explican como podemos estar en el barrio sur y de pronto nos ven en la ruta. Pero claro… ¡si somos iguales! El a veces está acá y yo estoy allá”.
- ¿Y cómo es un día de trabajo?
- Hace 31 años que nos levantamos a las 5.30 de la mañana. Desayunamos y arrancamos con La Capital y Estrella, y a las 7.30 estamos de vuelta. Leemos el diario y tomamos un café con leche. Después salimos de vuelta con los diarios de Buenos Aires. A las 12.30 terminamos, almorzamos y claro… la siesta es infaltable. Después, a la tarde, repartimos agua. Y así de lunes a lunes, todos los días sin vacaciones. 361 días de trabajo al año. Los únicos días que descansamos son 4: el Día del Trabajador, Navidad, Año Nuevo y el Día del Canillita”.

Quizás Juan Pedro y Domingo Miguel no correspondan a la imagen clásica que tenemos del canillita, ese chico de piernas flacas y pantalones cortos que vocea las noticias en alguna esquina de una gran ciudad, ese personaje que adquirió su denominación a partir de la obra “Canillita” de Florencio Sánchez, dramaturgo uruguayo que también dio origen al “Día del Canillita” como conmemoración de su fallecimiento el 7 de noviembre de 1947. Quizás no sean ese tipo de canillitas, pero sin duda alguna también despiertan el cariño de la gente, porque los canillitas, como los hermanos Lioi, son de esos personajes y de esas profesiones queridas por la entrega y la persistencia. Con frío, con mucho frío, o con calor, estarán en la calle. Vendiendo. Repartiendo.

Hay trabajos que se encarnan, que son parte de la persona y que la definen. Hay trabajos que no son pasajeros y que requieren de ciertas privaciones que muchos no están dispuestos a conceder, porque para muchos, tener sábados y domingos libres, fines de semanas largos para viajar, feriados y vacaciones, para muchos es fundamental. Pero a los hermanos Lioi, no disponer de estas conquistas sociales, de estos beneficios para el trabajador, parece no afectarles el humor. Y así como ellos conocen a todos gracias a la calle, todos los conocen a ellos y a su expresión más famosa, que bien representa esa combinación de sacrificio y buen humor: “Qué cassssstigo, qué desssssgracia”.

Los Lioi son cómicos por naturaleza. Lo llevan en la sangre. Y como enuncia el título de una nota que le hicieron para un suplemento de La Capital, son como “Como dos gotas de agua”. Son iguales, no solamente por ser mellizos y por trabajar en lo mismo, sino también por esa forma de ser, siempre bromeando y haciendo reír a quien se cruce en su ruta del reparto.

- ¿Y cuando no trabajen más? ¿Qué van a hacer?
- Y… vamos a ir al centro a mirar las chicas…

Por supuesto… las risas son generalizadas.

A esa altura ya no pienso en la nota. Hay momentos en una entrevista en que conviene disfrutar de las personas fuera del rol del entrevistador: esta es una de esas ocasiones.

La charla termina con un festival de chistes verdes que por cuestiones de espacio, sólo por cuestiones de espacio, no pueden reproducirse aquí.

“Qué cassssstigo, qué desssssgracia”.

27
dic
11

La verdad oculta: vivir en un mundo de mentiras

Por Andrés Fluxa

Afiche de la película

Impresiones

Un video club. La elección de una película. Llegar a casa y prepararse para un poco de ocio. Prender la computadora. Abrir la caja del DVD. Abrir la compactera y reproducir. Mientras pasan los títulos, rápido, antes de que empiece, acomodarse. Unos almohadones y a ver cine. A disfrutar del cine. O no tanto.

Acabo de ver La verdad oculta. Ya pasaron unos 30 minutos pero aún dura en mí una profunda tristeza que siento en el estómago, muy parecida, con perdón de la comparación, a esa sensación de angustia que sentimos cuando extrañamos a alguien que amamos, que está lejos.

Me dejó mal, abatido, con bronca e impotencia. Me perturbó. No sólo por las escenas de violencia, sino por el dolor que provoca ser concientes, cada tanto, del verdadero mundo en el que vivimos.

No queda otra que repetir las palabras. Dolor, furia, impotencia, dolor y más dolor y más impotencia. Tristeza. Tristeza. Bronca, mucha bronca. Incredulidad. Decepción. Desilusión. Todas esas sensaciones sigue desfilando por mi cabeza.

La historia

La verdad oculta, película dirigida y guionada por Larysa Kondracki, cuenta la historia de Kathryn Bolkovac, agente de policía de Nebraska. Kathryn, divorciada, necesita mudarse para poder estar más cerca de su hija que vive con su padre en otra ciudad. Pero para poder lograrlo necesita dinero. Por eso acepta un puesto, muy bien pagado, en las fuerzas de paz de la ONU en Bosnia. Una vez allí descubre un atroz circuito de trata de personas dedicado a secuestrar jóvenes para la prostitución, una prostitución en alza luego de finalizada la guerra. En ese circuito corrupto están involucrados todos, lamentablemente todos: dueños de bares, miembros de la ONU, la policía local y la de Estados Unidos, supuestamente enviada en misión de paz; todos. Todos comprados y condenados por el dinero. Kathryn intentará luchar contra esa corrupción y chocará, una y otra vez, contra la oscura realidad.

Escena de la película

La verdad incomoda

Se puede pensar que el cine busca el impacto emocional y creer, para sentirnos un poco más aliviados, que no puede ser cierto, que semejante historia no puede ser real. Pero hay que lamentar que no, que todo es real, que el origen de la historia es la realidad y luego, sólo luego, un libro escrito por la propia Kathryn Bolkovac después de su terrible experiencia en Bosnia. Para males, la directora, que escribió el guión en base a ese testimonio, aclaró en una entrevista que “muchas personas suponen que la historia es demasiado escandalosa para ser real, pero cuando se enteran de que tuvimos que minimizar los hechos, quedan impactadas”.

Denunciar o no denunciar

El título original de la película es The Whistleblower. En inglés “whistleblower” hace mención a una persona que hace sonar un silbato. Según Wikipedia el término se usa para referirse a un “alertador”, “alguien que da a conocer el comportamiento erróneo que existe dentro de una organización o conjunto de personas”. Wikipedia también destaca que “generalmente la persona pertenece a esa misma organización” y que “frecuentemente se ven obligados a afrontar represalias de las manos de la organización o grupo acusado o de organizaciones indirectamente relacionadas”.

Un mundo

Muchas veces reflexiono sobre lo mismo: el grado de indiferencia de las personas ante el sufrimiento.

Sin tecnología, sin globalización, tiempo atrás, una persona vivía en un mundo reducido, limitado a su comunidad y no mucho más. Lo que pasaba al otro lado del planeta no es que no le importara; simplemente lo desconocía.

La modernidad trajo grandes avances en el área de la comunicación y nos permitió tener acceso a un gran caudal de información. Y la información es, sin duda, conocimiento. Así, conocemos, conocemos más que antes y somos más concientes del mundo y de su complejidad. Sabemos del sufrimiento, del dolor y de las injusticias que suceden, ya sea acá, en nuestro país, o en la China.

Pero no podemos vivir pensando en eso. No podemos sufrir por el sufrimiento de los demás. No sería vida. Lo que nos fue dado debemos aprovecharlo. Para qué pensar si en realidad no podremos solucionar nada.

La vida así planteada viene con un “Manual de instrucciones para el indolente moderno”. Sus reglas son simples:

-    Vivir lo mejor posible sin pensar en el dolor de otros.
-    Convencerte de que no podrás solucionar nada.
-    No meterte en lo que no te afecta.
-    Reducir el la complejidad del mundo a lo mínimo indispensable.
-    El conocimiento del mundo serán vacaciones.

Escena de la película

El indolente

“Indolencia” tiene dos significados. Por un lado significa pereza; por otro, insensibilidad. Esta dualidad tiene su origen en la antigua mitología griega. En ella, Ergia, una demon o especie de intermediario de los dioses, personificaba a la indolencia y a la pereza. Ergia convivía con otras deidades que representaban la quietud y el silencio, en la cueva donde dormitaba Hipnos (el sueño).

En el siglo XX, con el advenimiento de las multitudes en las grandes ciudades, George Simmel hablaría de la indolencia: “La esencia de la indolencia es el embotamiento frente a las diferencias de las cosas (…) de modo que la significación y el valor de las diferencias de las cosas y, con ello, las cosas mismas, son sentidas como nulas. Aparecen al indolente en una coloración uniformemente opaca y grisácea, sin presentar ningún valor para ser preferidas frente a otras…” (Simmel, Georg, El individuo y la libertad, Barcelona, Ed. Península, 1998, p. 252).

Para ser más precisos e ir al grano, un indolente es quien no se conmueve ante el dolor, un indiferente. Somnoliento, duerme tranquilo en su pequeño mundo. El indolente hace silencio ante el conocimiento del dolor de otros, no habla, no critica y no molesta a los demás con sus comentarios inoportunos. Un indolente es un ser sociable, totalmente adaptado a las normas burguesas de la sociedad. Un indolente vive en la cueva con Hipnos.

Mea culpa

Quien escribe es un indolente. Todos somos indolentes. ¿Quién no lo es? Muy pocos se animan a salir a luchar por un mundo mejor. Muy pocos se ensucian las manos.

Es difícil, muy difícil. Hay que arriesgar mucho y se puede perder. Se puede perder. Y también se pierde tiempo y con él, también se pierde, la posibilidad de ganar dinero y acumular bienestar. Porque el tiempo que dedico a la humanidad, el tiempo que dono de mi vida a ayudar, es tiempo colectivo, no individualizado; es tiempo improductivo. Pierdo, no gano, y para peor, lo más probable, es que deba gastar mi propio dinero en ayudar.

La cuenta no cierra.

Trailer:

Ficha:

TÍTULO ORIGINAL The Whistleblower
AÑO 2010
DURACIÓN 112 min.
PAÍS Alemania
DIRECTOR Larysa Kondracki
GUIÓN Larysa Kondracki, Eilis Kirwan
MÚSICA Mychael Danna
FOTOGRAFÍA Kieran McGuigan
REPARTO Rachel Weisz, Monica Bellucci, Benedict Cumberbatch, Vanessa Redgrave, David Strathairn, David Hewlett, Liam Cunningham, Nikolaj Lie Kaas, Sergej Trifunovic
PRODUCTORA Coproducción Alemania-Canadá; First Generation Films / Barry Films / Mandalay Vision / Primary Productions / Voltage Pictures
GÉNERO Drama | Guerra de Bosnia

01
dic
11

El futuro, de Miranda July

Por Andrés Fluxa

Afiche de El futuro, de Miranda July

El mundo del amor se rige por leyes complicadas, muchas veces indescifrables. Las leyes están, pero difícilmente algún día podremos dominarlas. Dominar las leyes de la física, conocerlas, estudiarlas… El ser humanos hizo grandes avances en ese sentido y en muchos otros. Quebró y superó paradigmas científicos que aparentemente regirían el mundo para siempre. Pero fue simplemente eso: un mundo aparente. Y de pronto desapareció, pero ya había otro para reemplazarlo. Así, día tras día, aprendemos como raza a dominar leyes.

Pero las leyes del amor… las leyes del amor, de las emociones… las leyes del corazón serán por siempre parte de la mística de lo extraño.

Las almas gemelas se atraen. Una vez juntas no pueden separarse. Se entienden. Disfrutan de los mismos gustos y tienen los mismos códigos. La música, la forma de caminar, la forma de mirar el mundo… Te entiendo, me entiendes. Yo, ante él, yo, ante ella, no hago el ridículo que el mundo ve. Mi ridículo es, ante él, ante ella, una obra de arte. Por eso se que eres mi alma gemela. Porque puedo bailar sin miedo.

Pero el ser humanos se comporta de forma extraña. Para decirlo en criollo… mete la pata. Busca, duda, duda de su camino porque nunca sabrá si está en el camino. Así, busca, duda. ¿Él es la persona correcta? ¿Es con él que debo compartir mi vida? ¿Hay otro futuro mejor?

Ver el futuro, conocerlo y anticiparlo, es una capacidad que se nos ha negado. ¿Cómo sería mi vida con otra persona? ¿Podría ser más feliz?

Así, Sophie (Miranda July) buscará. Y aunque el otro sea un polo opuesto, se sentirá atraída. Porque con él, junto a Jason (Hamish Linklater), debe bailar y ser ella. Porque con un alma gemela a tu lado no se puede jugar a ser otra persona. Él es tu espejo. En él, en ella, te reflejas. Y en ese reflejo sabrás muy bien que hacer. Hacer o fracasar.

Él será tu futuro.

Ficha:

Película: El futuro. Título original: The future. Dirección y guion: Miranda July. Países: USA y Alemania. Año: 2011. Duración: 91 min. Género: Drama. Interpretación: Hamish Linklater (Jason), Miranda July (Sophie), David Warshofsky (Marshall), Isabella Acres (Gabriella), Joe Putterlik (Joe), Angela Trimbur. Producción: Gina Kwon, Gerhard Meixner y Roman Paul. Música: Jon Brion. Fotografía: Nikolai Von Graevenitz. Montaje: Andrew Bird. Diseño de producción: Elliott Hostetter. Vestuario: Christie Wittenborn. Distribuidora: Golem. Estreno en USA: 29 Julio 2011. Estreno en España: 16 Diciembre 2011.

22
oct
11

Snowtown: cuando el cine revive a la noticia /

Por Andrés Fluxa /

Afiche de la película /

Afiche de la película /

Snowtown. Australia. Un pequeño pueblo en las afueras de Adelaida se convierte en escenario de lo real.

En muchos casos el cine inventa, crea a partir de la imaginación y de la tecnología. Así, por un lado hay ciencia ficción que nunca tendrá su lugar en la realidad (“La guerra de las Galaxias” o “Volver al Futuro” para nombrar algunas), pero hay otra, otra ciencia ficción, que anticipa lo que vendrá y se convierte en cine mesiánico (por ejemplo, la video llamada de “2001 Odisea en el espacio”).

Pero en muchos otros casos el cine no puede inventar nada y solamente se dedica a ser un medio entre lo que ocurrió y el espectador. Ese es el momento en el que la realidad supera a la ficción.

El mundo es uno pero complejo, y los acontecimientos son múltiples e inalcanzables por la percepción humana. Cuando un acontecimiento se destaca los medios de comunicación lo toman, le dan forma según el formato y el tiempo requerido y llega, más o menos llega, a través de los diversos canales (TV, Radio, Internet) al conocimiento masivo.

Así zarandeada y exhibida la realidad según el rating de lo morboso y lo espectacular, los hechos transcurren en cantidades y pasan a formar parte de una colección imposible de recordar y de analizar, al punto de generarse en el espectador una especie de autodefensa contra el dolor ajeno.

¿Qué hacer ante las desgracias que asolan al mundo? ¿Cómo convivir con ellas? ¿Cómo permanecer tranquilos en nuestras casas? ¿Cómo justificar la pasividad?

Ya en los albores del siglo XX Georg Simmel supo captar ese fenómeno. En aquel entonces, y ante la lógica falta de televisión, Simmel encontró en la ciudad y en sus habitantes esa especie de autodefensa y negación. Así describió con precisión quirúrgica al “urbanitas” de las crecientes urbes, atribuyéndole cierta “indolencia”: “La esencia de la indolencia es el embotamiento frente a las diferencias de las cosas (…) de modo que la significación y el valor de las diferencias de las cosas y, con ello, las cosas mismas, son sentidas como nulas. Aparecen al indolente en una coloración uniformemente opaca y grisácea, sin presentar ningún valor para ser preferidas frente a otras…” (Simmel, Georg, El individuo y la libertad, Barcelona, Ed. Península, 1998, p. 252).

Los medios de comunicación embotan, agobian. Demasiada información y poca reflexión crítica convierten a las noticias en simples variedades del momento. Llenar un espacio, producirlo, entretener, vender. Olvidar pronto.

Pero el cine… el cine es cosa seria. Así pasa con Snowtown.

Fantástica ópera prima del director australiano Justin Kurzel, Snowtown nos brinda todo lo que la noticia no puede: tiempo. La atmósfera creada, la banda de sonido, los planos, las actuaciones, todo con el tiempo suficiente para la descripción psicológica de los personajes y para la compenetración con la historia. Recordar para siempre.

La noticia, mientras tanto, permanece aún, perdida, oculta, disponible en los buscadores, accesible gracias a internet, sí, pero ya lejos, muy lejos de las primeras planas.

Anexo I:
La noticia / elpais.com / REUTERS / EFE – Adelaida – 25/05/1999

“La policía australiana anunció ayer el descubrimiento de restos humanos descompuestos pertenecientes a nueve cuerpos en bidones, en bolsas de basura halladas en un banco cerrado hace cuatro años en Snowtown y en el jardín de un casa de Adelaida, a 150 kilómetros al sur de Snowtown (…) En uno de los bidones se encontró ácido y varios de los cuerpos estaban desmembrados, pero la policía ignoraba ayer todavía cómo se habían producido las muertes…”

“La policía ha descartado hallarse ante un caso de pederastia, drogas, mafias locales o grupos neonazis y trabaja sobre la pista de un fraude a la Seguridad Social. <No creemos que sean asesinatos arbitrarios>, dice Paul Schramm, jefe del grupo de investigadores. Schramm reconoce que, aunque no se ha revelado la identidad de los cadáveres debido al avanzado estado de descomposición, se sospecha de quiénes se pueden tratar. De hecho, los cuerpos fueron hallados tras un año de investigaciones sobre personas desaparecidas en la región, una de ellas desde 1993”.

“Este caso supera el que hasta ahora era el mayor número de asesinatos compulsivos en la historia de Australia, perpetrados por Ivan Milat, el llamado asesino de mochileros, quien entre 1989 y 1992 mató a siete excursionistas australianos, británicos y alemanes y los enterró en un bosque de las afueras de Sidney”.

http://www.elpais.com/articulo/internacional/AUSTRALIA/policia/rastrea/mayor/caso/asesinatos/serie/Australia/elpepiint/19990525elpepiint_21/Tes

Anexo II:
Ficha:

Snowtown
AÑO: 2011
DURACIÓN: 120 min.
PAÍS: Australia
DIRECTOR: Justin Kurzel
GUIÓN: Justin Kurzel, Shaun Grant
FOTOGRAFÍA: Adam Arkapaw
REPARTO: Daniel Henshall, Lucas Pittaway, Craig Coyne
PRODUCTORA: Screen Australia / Warp X Australia
WEB OFICIAL: http://snowtownthemovie.com/
GÉNERO: Drama | Crimen

Anexo III:
Trailer oficial:

14
oct
11

The Robber (Der Räuber). El gusto por robar /

Afiche The Robber /

Por Andrés Fluxa /

A Johann le gusta robar. Le gusta. Lo excita. Su corazón se acelera, su ritmo cardiaco se dispara. A Johann le gusta robar y correr. Sí; buena combinación para alguien que roba y cada tanto, cuando es descubierto, debe correr, mucho. Y Johann corre, mucho. Al punto de que cuando sale de una de sus condenas, y luego de haber aprovechado el tiempo libre en la cárcel entrenando, gana la maratón de Viena siendo un total desconocido y sorprende a todos.

Y aunque como espectadores pasivos e impotentes reneguemos, suframos, discutamos desde el silencio infructuoso y no podamos entender por qué, Johann robará igual. Porque para qué arriesgarse a volver a la cárcel si es tan confortable sentirse libre nuevamente, si nos hemos encontrado con un viejo amor que nos sigue queriendo, si el mundo se nos ofrece nuevamente para ser vivido y es más, es más, y no deberíamos entrar en tantos detalles pero es más, tuvimos la suerte de salir airosos de unos cuantos robos y disponemos de suficiente efectivo para vivir plácidamente, sin esa otra cárcel que es el trabajo.

Pero Johann robará igual. A pesar de nuestra irrefutable lógica robará, porque lo importante no es el dinero (supuestamente el fin), lo importante es el robo (el medio).

Viejo amor: ¿Eso es todo lo que vale tu vida? ¿Ese poco dinero?

Johann: Lo que hago no tiene nada que ver con lo que tú llamas vida.

Viejo amor: ¿Y donde entro yo?

Johann: No esperaba encontrarte.

Ficha técnica:

TÍTULO ORIGINAL: Der Räuber (The Robber)
AÑO: 2010
DURACIÓN: 90 min.
PAÍS: Alemania
DIRECTOR: Benjamin Heisenberg
GUIÓN: Martin Prinz, Benjamin Heisenberg (Novela: Martin Prinz)
MÚSICA: Lorenz Dangel
FOTOGRAFÍA: Reinhold Vorschneider
REPARTO: Andreas Lust, Johann Bednar, Max Edelbacher, Walter Huber
PRODUCTORA: Coproducción Alemania-Austria; Nikolaus Geyrhalter Filmproduktion / Peter Heilrath Filmproduktion
GÉNERO: Thriller. Drama | Crimen. Robos & Atracos. Basado en hechos reales

28
jul
11

Oda a mi bicicleta

(Letra – Martín Buscaglia)

oh parque de los aliados
rambla, calles del prado
cuernos de batlle
en la ilusión y en el raye
contigo conté

oh voy a ser tu poeta
mi gran amor bicicleta
esta canción
cumplirá su misión

el día en que la escuche en boca
de una chica combo de miel
-montada en su brillante corcel-
oh, la silbe un personaje
junto antes de cambie la luz
-montada en su brillante corcel-

oh, qué será que me inspira
serán tus rayos que giran
esta canción
cumplirá su misión

el día en que la escuche
en boca de una chica combo de miel
-montada en su brillante corcel-
en boca de una chica
todo gotas que realzan la piel
-montada en su brillante corcel-
como una tela araña
que el rocío vistió para cantar
-montada en su brillante corcel-
y yo voy a olvidarla

hasta que vuelva en forma de deja vu
-montado en mi oxidado corcel-

25
jun
11

Adolfo Wytrykusz. La memoria de la vida.

Por Andrés Fluxa

Adolfo Wytrykusz

Adolfo Wytrykusz

Lo conocí trabajando en el Museo Histórico Municipal hace unos cinco años. Adolfo Wytrykusz era el secretario de la Comisión y deslumbraba a todos por su letra en extinción que quedará para siempre en las actas de la institución. Pero Adolfo es de esos tipos que permanecen más allá de sus capacidades caligráficas, de esas personas que despiertan admiración y afecto por donde pasan.

“¿Qué te parece? ¿Se perdió la mano?”

Adolfo duda de su capacidad como pintor. Su modestia y su humildad natural lo acompañan desde niño, desde aquella infancia de economía modesta, cuando su padre trabajaba en la curtiembre Beltrame y debía mantener una familia numerosa.

“No Adolfo, la mano no la perdió, pinta tan bien como siempre. Es más, lo veo igual”. Mis palabras no lo convencen y noto en su cara un gesto incrédulo. Pero es verdad; no veo diferencia a pesar de que me resalta que hace poco tuvo un Accidente cerebrovascular. Pero tuvo suerte y lo tomó a tiempo.

El ACV que sufrió no le impide mantener una memoria envidiable. Recuerda los pilotos de las carreras de Gran Premio Nacional que se corrían desde Buenos Aires a Córdoba por la ruta de tierra que estaba pegada a las vías, cuando aún no existía la nueve: Carlos Zatuszek, Ernesto Blanco, Joaquín Blanco, Domingo Bussi, Fernando Neri, Atilio Pedrazzini, Antonio Gaudino, Ricardo Carú, Raúl Riganti, Victorio Sinni… y se queda pensando como si me hubiese dado pocos nombres. Yo lo miro asombrado.

Hablamos de 1935. Adolfo tendría unos 10 años y además de autos veía pasar al primer avión que conoció en su vida, piloteado por un tal Hellif de Rosario que hacía acrobacias sobre Cañada de Gómez con un Mott biplano de 100 caballos. Me agrega que debajo de sus alas tenía pintado “Malta Biecker” y yo quedo nuevamente sorprendido por el detalle.

Pero ahora, mientras escribo esta nota, creo saber que el truco para recordar con tanta precisión está en contar historias, en la pasión por la conversación y la comunicación. Me imagino y puedo estar seguro que contó estas historias varias veces a lo largo de tantos años. De esa forma Adolfo mantiene viva la memoria, volviendo al pasado una y otra vez, agregando un detalle acá y allá, pintando el tiempo en el cuadro de su vida.

Tiene 86 años y añora con tristeza los años vividos, aquellos años felices plenos de vitalidad. En la vejez se siente resignado, esperando emprender el viaje final como todos tendremos que hacerlo. Pero vive tranquilo, sin cargo de conciencia por no haberle hecho mal a nadie. Su guía fue y es hacer el bien sin mirar a quien. Me pide que me grabe un principio: “El que hace un favor debe olvidarlo en el momento que lo hace, pero el que lo recibe no lo debe olvidar jamás”.

Adolfo Wytrykusz y su pasión por la pintura

Adolfo Wytrykusz y su pasión por la pintura

En la escuela se destacaba en el dibujo. Cuando entró al colegio Nacional el arquitecto Ferraría, que era el profesor de dibujo, vio sus cualidades y lo incitó a continuar. Pero nunca más lo practicó. Luego, mucho más adelante, conoció a Raúl Domínguez, el pintor de las islas. Domínguez lo visitó en Cañada y al ver sus cuadros lo motivó. Empezó a pintar cuando ya se había jubilado. Organizó su primera exposición y tuvo éxito.

Me dice que cuando pinta se aísla del mundo, que la pintura lo lleva a un terreno inimaginable y que despertó en él su amor por la belleza. Adolfo me habla de la belleza que ve en todas partes, en un anciano, en los niños, en una casa vieja, en el campo…

Adolfo es un romántico. Cuando le pregunto si la vida es corta o larga me sorprende diciéndome que es larga, aunque reconoce que le quedó pendiente escribir un libro. Le pregunto como hubiese sido ese libro y se emociona: “Ese libro hubiese sido mi vida. Aprendí a valorar la vida. Cada cosa pequeña, cada momento, una flor… Te voy a contar algo. Cuando yo trabajaba de mensajero en el correo tenía una novia en el campo. En el trabajo me daban 40 minutos para comer algo. Yo me iba en bicicleta unos cuantos kilómetros a visitar a esa chica. Tomaba el té y volvía. En ese camino veía siempre una flor que me volvía loco, como si ya hubiese tenido al pintor en mi interior. Una flor roja como la sangre. Así que comencé a preguntar como se llamaba y me dijeron que era la Verbena. Pasó el tiempo y un día leí la historia de ese nombre. Mirá cómo son las cosas. Se decía que había un joven que estaba enamorado de una chica que vivía en el campo. Y fue tanto el caminar hasta ese lugar para intentar conquistarla que sus pies comenzaron a sangrar. De esa sangre brotaron las Verbenas”.

“Adolfo, su forma de relatar cada acontecimiento de su vida es hermosa; nos perdemos un gran libro”.

Mis palabras lo ponen al borde de la emoción una vez más. Está muy cerca de las lágrimas y pienso que es hora de terminar la entrevista. En ese momento llega Ilse, su compañera de toda la vida, para proponernos tomar un café. Los dos aceptamos con gusto.

Cuadros de Adolfo: http://adolfowytrykusz.blogspot.com/

08
jun
11

La mitad de Óscar. El arte del silencio.

Por Andrés Fluxa

Afiche - La mitad de Óscar

La lentitud puede disfrutarse. El silencio también. Difícil en estos tiempos pero se puede.

 

La mitad de Óscar fue, al momento de finalizar, de esas que quedan como grandes películas, por lo menos, del cine español. En ese momento, cuando justo antes me preguntaba si habría música en los créditos (nunca la hubo), su director entró en mi panteón de directores del país ibérico.

 

Quizás exagero pero como suele decirse se trata de gustos y me gustó.

 

La mitad de Óscar me sumergió en la belleza del escenario, una Almería que me prometí conocer en algún momento antes del fin de esta vida. Un paisaje que no necesitó música para reflejarse especialmente cinematográfico. Un marco ideal para una historia sórdida de personajes que no dicen pero que sugieren.

 

La historia se escapa por los poros de la cara de Óscar, más que nada de Óscar. María, su hermana, vino por un motivo. Regresó sólo un momento, bastante segura de que su única opción era volver al exilio, a París.

 

El exilio de María es el escape de una historia, de una relación con su hermano que no se revela hasta el final pero que se intuye en todo momento. Pero Óscar no. Óscar nunca pudo escapar o nunca quiso. Óscar se quedó y revisó cada día su máquina contestadota esperando encontrar un mensaje, una señal. Pero no. Silencio total.

 

 

Ficha:

 

Película: La mitad de Óscar

Dirección: Manuel Martín Cuenca

Países: España y Cuba

Año: 2010

Duración: 82 min.

Género: Drama

Interpretación: Verónica Echegui (María), Rodrigo Sáenz de Heredia (Óscar), Denis Eyriey (Jean), Antonio de la Torre (taxista), Manuel Martínez Roca (Miguel), Salvador Gavilán Ramos (abuelo)

Guión: Alejandro Hernández y Manuel Martín Cuenca

Producción: Manuel Martín Cuenca, Camilo Vives y Joan Borrell

Fotografía: Rafael de la Uz

Montaje: Ángel Hernández Zoido

Distribuidora: Golem

Estreno en España: 18 Marzo 2011

18
may
11

Pasión cañadense en tres partes – En la sangre

Viernes 27 – 20 hs. >>> MAC (Museo de Arte Cañadense) >>> Documental “En la sangre: crónicas del campo, del fuego y de la bicicleta” + muestra fotográfica.

Ficha técnica:

Dirección y edición: Andrés Fluxa /// Dirección fotográfica: Eduardo Politi /// Postproducción: Alejandro Falappa /// Fotografías: Claudio Suárez

Protagonistas:

 

José Baiocco (el campo): demuestra que el contexto, el lugar de residencia, es un elemento clave en la búsqueda de la tranquilidad.

Ariel y Eduardo Del Coro (el fuego): ponen de manifiesto que, al contrario de lo que se piensa, las grandes empresas no se caracterizan por el tamaño.

Nestor Ferrara (la bicicleta): es el ejemplo de una vida dedicada a un deporte.




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