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dic
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La verdad oculta: vivir en un mundo de mentiras

Por Andrés Fluxa

Afiche de la película

Impresiones

Un video club. La elección de una película. Llegar a casa y prepararse para un poco de ocio. Prender la computadora. Abrir la caja del DVD. Abrir la compactera y reproducir. Mientras pasan los títulos, rápido, antes de que empiece, acomodarse. Unos almohadones y a ver cine. A disfrutar del cine. O no tanto.

Acabo de ver La verdad oculta. Ya pasaron unos 30 minutos pero aún dura en mí una profunda tristeza que siento en el estómago, muy parecida, con perdón de la comparación, a esa sensación de angustia que sentimos cuando extrañamos a alguien que amamos, que está lejos.

Me dejó mal, abatido, con bronca e impotencia. Me perturbó. No sólo por las escenas de violencia, sino por el dolor que provoca ser concientes, cada tanto, del verdadero mundo en el que vivimos.

No queda otra que repetir las palabras. Dolor, furia, impotencia, dolor y más dolor y más impotencia. Tristeza. Tristeza. Bronca, mucha bronca. Incredulidad. Decepción. Desilusión. Todas esas sensaciones sigue desfilando por mi cabeza.

La historia

La verdad oculta, película dirigida y guionada por Larysa Kondracki, cuenta la historia de Kathryn Bolkovac, agente de policía de Nebraska. Kathryn, divorciada, necesita mudarse para poder estar más cerca de su hija que vive con su padre en otra ciudad. Pero para poder lograrlo necesita dinero. Por eso acepta un puesto, muy bien pagado, en las fuerzas de paz de la ONU en Bosnia. Una vez allí descubre un atroz circuito de trata de personas dedicado a secuestrar jóvenes para la prostitución, una prostitución en alza luego de finalizada la guerra. En ese circuito corrupto están involucrados todos, lamentablemente todos: dueños de bares, miembros de la ONU, la policía local y la de Estados Unidos, supuestamente enviada en misión de paz; todos. Todos comprados y condenados por el dinero. Kathryn intentará luchar contra esa corrupción y chocará, una y otra vez, contra la oscura realidad.

Escena de la película

La verdad incomoda

Se puede pensar que el cine busca el impacto emocional y creer, para sentirnos un poco más aliviados, que no puede ser cierto, que semejante historia no puede ser real. Pero hay que lamentar que no, que todo es real, que el origen de la historia es la realidad y luego, sólo luego, un libro escrito por la propia Kathryn Bolkovac después de su terrible experiencia en Bosnia. Para males, la directora, que escribió el guión en base a ese testimonio, aclaró en una entrevista que “muchas personas suponen que la historia es demasiado escandalosa para ser real, pero cuando se enteran de que tuvimos que minimizar los hechos, quedan impactadas”.

Denunciar o no denunciar

El título original de la película es The Whistleblower. En inglés “whistleblower” hace mención a una persona que hace sonar un silbato. Según Wikipedia el término se usa para referirse a un “alertador”, “alguien que da a conocer el comportamiento erróneo que existe dentro de una organización o conjunto de personas”. Wikipedia también destaca que “generalmente la persona pertenece a esa misma organización” y que “frecuentemente se ven obligados a afrontar represalias de las manos de la organización o grupo acusado o de organizaciones indirectamente relacionadas”.

Un mundo

Muchas veces reflexiono sobre lo mismo: el grado de indiferencia de las personas ante el sufrimiento.

Sin tecnología, sin globalización, tiempo atrás, una persona vivía en un mundo reducido, limitado a su comunidad y no mucho más. Lo que pasaba al otro lado del planeta no es que no le importara; simplemente lo desconocía.

La modernidad trajo grandes avances en el área de la comunicación y nos permitió tener acceso a un gran caudal de información. Y la información es, sin duda, conocimiento. Así, conocemos, conocemos más que antes y somos más concientes del mundo y de su complejidad. Sabemos del sufrimiento, del dolor y de las injusticias que suceden, ya sea acá, en nuestro país, o en la China.

Pero no podemos vivir pensando en eso. No podemos sufrir por el sufrimiento de los demás. No sería vida. Lo que nos fue dado debemos aprovecharlo. Para qué pensar si en realidad no podremos solucionar nada.

La vida así planteada viene con un “Manual de instrucciones para el indolente moderno”. Sus reglas son simples:

-    Vivir lo mejor posible sin pensar en el dolor de otros.
-    Convencerte de que no podrás solucionar nada.
-    No meterte en lo que no te afecta.
-    Reducir el la complejidad del mundo a lo mínimo indispensable.
-    El conocimiento del mundo serán vacaciones.

Escena de la película

El indolente

“Indolencia” tiene dos significados. Por un lado significa pereza; por otro, insensibilidad. Esta dualidad tiene su origen en la antigua mitología griega. En ella, Ergia, una demon o especie de intermediario de los dioses, personificaba a la indolencia y a la pereza. Ergia convivía con otras deidades que representaban la quietud y el silencio, en la cueva donde dormitaba Hipnos (el sueño).

En el siglo XX, con el advenimiento de las multitudes en las grandes ciudades, George Simmel hablaría de la indolencia: “La esencia de la indolencia es el embotamiento frente a las diferencias de las cosas (…) de modo que la significación y el valor de las diferencias de las cosas y, con ello, las cosas mismas, son sentidas como nulas. Aparecen al indolente en una coloración uniformemente opaca y grisácea, sin presentar ningún valor para ser preferidas frente a otras…” (Simmel, Georg, El individuo y la libertad, Barcelona, Ed. Península, 1998, p. 252).

Para ser más precisos e ir al grano, un indolente es quien no se conmueve ante el dolor, un indiferente. Somnoliento, duerme tranquilo en su pequeño mundo. El indolente hace silencio ante el conocimiento del dolor de otros, no habla, no critica y no molesta a los demás con sus comentarios inoportunos. Un indolente es un ser sociable, totalmente adaptado a las normas burguesas de la sociedad. Un indolente vive en la cueva con Hipnos.

Mea culpa

Quien escribe es un indolente. Todos somos indolentes. ¿Quién no lo es? Muy pocos se animan a salir a luchar por un mundo mejor. Muy pocos se ensucian las manos.

Es difícil, muy difícil. Hay que arriesgar mucho y se puede perder. Se puede perder. Y también se pierde tiempo y con él, también se pierde, la posibilidad de ganar dinero y acumular bienestar. Porque el tiempo que dedico a la humanidad, el tiempo que dono de mi vida a ayudar, es tiempo colectivo, no individualizado; es tiempo improductivo. Pierdo, no gano, y para peor, lo más probable, es que deba gastar mi propio dinero en ayudar.

La cuenta no cierra.

Trailer:

Ficha:

TÍTULO ORIGINAL The Whistleblower
AÑO 2010
DURACIÓN 112 min.
PAÍS Alemania
DIRECTOR Larysa Kondracki
GUIÓN Larysa Kondracki, Eilis Kirwan
MÚSICA Mychael Danna
FOTOGRAFÍA Kieran McGuigan
REPARTO Rachel Weisz, Monica Bellucci, Benedict Cumberbatch, Vanessa Redgrave, David Strathairn, David Hewlett, Liam Cunningham, Nikolaj Lie Kaas, Sergej Trifunovic
PRODUCTORA Coproducción Alemania-Canadá; First Generation Films / Barry Films / Mandalay Vision / Primary Productions / Voltage Pictures
GÉNERO Drama | Guerra de Bosnia

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