“Ascensor para el cadalso” es, sin duda, una película que pretende seguir los pasos de la realidad. Sus personajes actúan, dentro de todo, como cualquiera lo haría, y las leyes de la física se comportan tal cual las conocemos en nuestro mundo cotidiano. Pero lleva con ella una especie de pecado original. Una escena que lo arruina todo.
Para el que vio la película basta simplemente con mencionar el momento: Julien Tavernier, el protagonista principal, olvida la soga con la que trepo hasta la oficina de su jefe para matarlo. Para el que no la vio, es un poco más difícil. Pero pongámoslo así: usted, querido lector, debe creerme si le digo que nadie, en su sano juicio, podría haber olvidado ese detalle.
Así, de esa forma, a partir de ese “pecado original” que comete el director, todo se desvanece. La desilusión impera. Nada será igual.
Porque la ilusión, en un primer momento, es grande: se trata de un clásico del cine francés y su director es, ni más ni menos que Louis Malle.
Lo verosímil sería todo lo que se adecua a la realidad. El resto cae dentro de lo inverosímil. La Real Academia Española ofrece dos acepciones para “verosímil”: 1: Que tiene apariencia de verdadero / 2: Creíble por no ofrecer carácter alguno de falsedad.
Pues bien, esa escena de la que hablamos no es verosímil. Se podría decir que exageramos, que es una nimiedad. Pero no es así.
Cuando uno se dispone a ver una película, si adopta la postura correcta y prepara todo para disfrutarla, se genera una conexión. Esa empatía es la que genera las emociones: miedo en una de terror; alegría en una comedia; tristeza en un drama. Y si ese vinculo es afectado, todo lo que queda por delante también.
En consecuencia, esa caminata de Jeanne Moreau divagando por París con la desgarradora trompeta de Miles Davis de fondo, ese momento del film que es considerado por todos como parte antológica de la cinemateca francesa, ese momento nunca debería haber existido.
Ficha:
Ascensor para el cadalso (Ascenseur pour l’Echafaud / Elevator to the Gallows)
AÑO: 1957
DURACIÓN: 92 minutos.
PAÍS: Francia
DIRECTOR: Louis Malle
GUIÓN: Louise Malle & Roger Nimier (Basado en la novela de Noël Calef)
MÚSICA: Miles Davis
FOTOGRAFÍA: Henri Decae (B&W)
REPARTO: Maurice Ronet, Jeanne Moreau, Georges Poujouly
PRODUCTORA: Nouvelles Editions de Films
Un video club. La elección de una película. Llegar a casa y prepararse para un poco de ocio. Prender la computadora. Abrir la caja del DVD. Abrir la compactera y reproducir. Mientras pasan los títulos, rápido, antes de que empiece, acomodarse. Unos almohadones y a ver cine. A disfrutar del cine. O no tanto.
Acabo de ver La verdad oculta. Ya pasaron unos 30 minutos pero aún dura en mí una profunda tristeza que siento en el estómago, muy parecida, con perdón de la comparación, a esa sensación de angustia que sentimos cuando extrañamos a alguien que amamos, que está lejos.
Me dejó mal, abatido, con bronca e impotencia. Me perturbó. No sólo por las escenas de violencia, sino por el dolor que provoca ser concientes, cada tanto, del verdadero mundo en el que vivimos.
No queda otra que repetir las palabras. Dolor, furia, impotencia, dolor y más dolor y más impotencia. Tristeza. Tristeza. Bronca, mucha bronca. Incredulidad. Decepción. Desilusión. Todas esas sensaciones sigue desfilando por mi cabeza.
La historia
La verdad oculta, película dirigida y guionada por Larysa Kondracki, cuenta la historia de Kathryn Bolkovac, agente de policía de Nebraska. Kathryn, divorciada, necesita mudarse para poder estar más cerca de su hija que vive con su padre en otra ciudad. Pero para poder lograrlo necesita dinero. Por eso acepta un puesto, muy bien pagado, en las fuerzas de paz de la ONU en Bosnia. Una vez allí descubre un atroz circuito de trata de personas dedicado a secuestrar jóvenes para la prostitución, una prostitución en alza luego de finalizada la guerra. En ese circuito corrupto están involucrados todos, lamentablemente todos: dueños de bares, miembros de la ONU, la policía local y la de Estados Unidos, supuestamente enviada en misión de paz; todos. Todos comprados y condenados por el dinero. Kathryn intentará luchar contra esa corrupción y chocará, una y otra vez, contra la oscura realidad.
Escena de la película
La verdad incomoda
Se puede pensar que el cine busca el impacto emocional y creer, para sentirnos un poco más aliviados, que no puede ser cierto, que semejante historia no puede ser real. Pero hay que lamentar que no, que todo es real, que el origen de la historia es la realidad y luego, sólo luego, un libro escrito por la propia Kathryn Bolkovac después de su terrible experiencia en Bosnia. Para males, la directora, que escribió el guión en base a ese testimonio, aclaró en una entrevista que “muchas personas suponen que la historia es demasiado escandalosa para ser real, pero cuando se enteran de que tuvimos que minimizar los hechos, quedan impactadas”.
Denunciar o no denunciar
El título original de la película es The Whistleblower. En inglés “whistleblower” hace mención a una persona que hace sonar un silbato. Según Wikipedia el término se usa para referirse a un “alertador”, “alguien que da a conocer el comportamiento erróneo que existe dentro de una organización o conjunto de personas”. Wikipedia también destaca que “generalmente la persona pertenece a esa misma organización” y que “frecuentemente se ven obligados a afrontar represalias de las manos de la organización o grupo acusado o de organizaciones indirectamente relacionadas”.
Un mundo
Muchas veces reflexiono sobre lo mismo: el grado de indiferencia de las personas ante el sufrimiento.
Sin tecnología, sin globalización, tiempo atrás, una persona vivía en un mundo reducido, limitado a su comunidad y no mucho más. Lo que pasaba al otro lado del planeta no es que no le importara; simplemente lo desconocía.
La modernidad trajo grandes avances en el área de la comunicación y nos permitió tener acceso a un gran caudal de información. Y la información es, sin duda, conocimiento. Así, conocemos, conocemos más que antes y somos más concientes del mundo y de su complejidad. Sabemos del sufrimiento, del dolor y de las injusticias que suceden, ya sea acá, en nuestro país, o en la China.
Pero no podemos vivir pensando en eso. No podemos sufrir por el sufrimiento de los demás. No sería vida. Lo que nos fue dado debemos aprovecharlo. Para qué pensar si en realidad no podremos solucionar nada.
La vida así planteada viene con un “Manual de instrucciones para el indolente moderno”. Sus reglas son simples:
- Vivir lo mejor posible sin pensar en el dolor de otros.
- Convencerte de que no podrás solucionar nada.
- No meterte en lo que no te afecta.
- Reducir el la complejidad del mundo a lo mínimo indispensable.
- El conocimiento del mundo serán vacaciones.
Escena de la película
El indolente
“Indolencia” tiene dos significados. Por un lado significa pereza; por otro, insensibilidad. Esta dualidad tiene su origen en la antigua mitología griega. En ella, Ergia, una demon o especie de intermediario de los dioses, personificaba a la indolencia y a la pereza. Ergia convivía con otras deidades que representaban la quietud y el silencio, en la cueva donde dormitaba Hipnos (el sueño).
En el siglo XX, con el advenimiento de las multitudes en las grandes ciudades, George Simmel hablaría de la indolencia: “La esencia de la indolencia es el embotamiento frente a las diferencias de las cosas (…) de modo que la significación y el valor de las diferencias de las cosas y, con ello, las cosas mismas, son sentidas como nulas. Aparecen al indolente en una coloración uniformemente opaca y grisácea, sin presentar ningún valor para ser preferidas frente a otras…” (Simmel, Georg, El individuo y la libertad, Barcelona, Ed. Península, 1998, p. 252).
Para ser más precisos e ir al grano, un indolente es quien no se conmueve ante el dolor, un indiferente. Somnoliento, duerme tranquilo en su pequeño mundo. El indolente hace silencio ante el conocimiento del dolor de otros, no habla, no critica y no molesta a los demás con sus comentarios inoportunos. Un indolente es un ser sociable, totalmente adaptado a las normas burguesas de la sociedad. Un indolente vive en la cueva con Hipnos.
Mea culpa
Quien escribe es un indolente. Todos somos indolentes. ¿Quién no lo es? Muy pocos se animan a salir a luchar por un mundo mejor. Muy pocos se ensucian las manos.
Es difícil, muy difícil. Hay que arriesgar mucho y se puede perder. Se puede perder. Y también se pierde tiempo y con él, también se pierde, la posibilidad de ganar dinero y acumular bienestar. Porque el tiempo que dedico a la humanidad, el tiempo que dono de mi vida a ayudar, es tiempo colectivo, no individualizado; es tiempo improductivo. Pierdo, no gano, y para peor, lo más probable, es que deba gastar mi propio dinero en ayudar.
La cuenta no cierra.
Trailer:
Ficha:
TÍTULO ORIGINAL The Whistleblower
AÑO 2010
DURACIÓN 112 min.
PAÍS Alemania
DIRECTOR Larysa Kondracki
GUIÓN Larysa Kondracki, Eilis Kirwan
MÚSICA Mychael Danna
FOTOGRAFÍA Kieran McGuigan
REPARTO Rachel Weisz, Monica Bellucci, Benedict Cumberbatch, Vanessa Redgrave, David Strathairn, David Hewlett, Liam Cunningham, Nikolaj Lie Kaas, Sergej Trifunovic
PRODUCTORA Coproducción Alemania-Canadá; First Generation Films / Barry Films / Mandalay Vision / Primary Productions / Voltage Pictures
GÉNERO Drama | Guerra de Bosnia
El mundo del amor se rige por leyes complicadas, muchas veces indescifrables. Las leyes están, pero difícilmente algún día podremos dominarlas. Dominar las leyes de la física, conocerlas, estudiarlas… El ser humanos hizo grandes avances en ese sentido y en muchos otros. Quebró y superó paradigmas científicos que aparentemente regirían el mundo para siempre. Pero fue simplemente eso: un mundo aparente. Y de pronto desapareció, pero ya había otro para reemplazarlo. Así, día tras día, aprendemos como raza a dominar leyes.
Pero las leyes del amor… las leyes del amor, de las emociones… las leyes del corazón serán por siempre parte de la mística de lo extraño.
Las almas gemelas se atraen. Una vez juntas no pueden separarse. Se entienden. Disfrutan de los mismos gustos y tienen los mismos códigos. La música, la forma de caminar, la forma de mirar el mundo… Te entiendo, me entiendes. Yo, ante él, yo, ante ella, no hago el ridículo que el mundo ve. Mi ridículo es, ante él, ante ella, una obra de arte. Por eso se que eres mi alma gemela. Porque puedo bailar sin miedo.
Pero el ser humanos se comporta de forma extraña. Para decirlo en criollo… mete la pata. Busca, duda, duda de su camino porque nunca sabrá si está en el camino. Así, busca, duda. ¿Él es la persona correcta? ¿Es con él que debo compartir mi vida? ¿Hay otro futuro mejor?
Ver el futuro, conocerlo y anticiparlo, es una capacidad que se nos ha negado. ¿Cómo sería mi vida con otra persona? ¿Podría ser más feliz?
Así, Sophie (Miranda July) buscará. Y aunque el otro sea un polo opuesto, se sentirá atraída. Porque con él, junto a Jason (Hamish Linklater), debe bailar y ser ella. Porque con un alma gemela a tu lado no se puede jugar a ser otra persona. Él es tu espejo. En él, en ella, te reflejas. Y en ese reflejo sabrás muy bien que hacer. Hacer o fracasar.
Él será tu futuro.
Ficha:
Película: El futuro. Título original: The future. Dirección y guion: Miranda July. Países: USA y Alemania. Año: 2011. Duración: 91 min. Género: Drama. Interpretación: Hamish Linklater (Jason), Miranda July (Sophie), David Warshofsky (Marshall), Isabella Acres (Gabriella), Joe Putterlik (Joe), Angela Trimbur. Producción: Gina Kwon, Gerhard Meixner y Roman Paul. Música: Jon Brion. Fotografía: Nikolai Von Graevenitz. Montaje: Andrew Bird. Diseño de producción: Elliott Hostetter. Vestuario: Christie Wittenborn. Distribuidora: Golem. Estreno en USA: 29 Julio 2011. Estreno en España: 16 Diciembre 2011.
Snowtown. Australia. Un pequeño pueblo en las afueras de Adelaida se convierte en escenario de lo real.
En muchos casos el cine inventa, crea a partir de la imaginación y de la tecnología. Así, por un lado hay ciencia ficción que nunca tendrá su lugar en la realidad (“La guerra de las Galaxias” o “Volver al Futuro” para nombrar algunas), pero hay otra, otra ciencia ficción, que anticipa lo que vendrá y se convierte en cine mesiánico (por ejemplo, la video llamada de “2001 Odisea en el espacio”).
Pero en muchos otros casos el cine no puede inventar nada y solamente se dedica a ser un medio entre lo que ocurrió y el espectador. Ese es el momento en el que la realidad supera a la ficción.
El mundo es uno pero complejo, y los acontecimientos son múltiples e inalcanzables por la percepción humana. Cuando un acontecimiento se destaca los medios de comunicación lo toman, le dan forma según el formato y el tiempo requerido y llega, más o menos llega, a través de los diversos canales (TV, Radio, Internet) al conocimiento masivo.
Así zarandeada y exhibida la realidad según el rating de lo morboso y lo espectacular, los hechos transcurren en cantidades y pasan a formar parte de una colección imposible de recordar y de analizar, al punto de generarse en el espectador una especie de autodefensa contra el dolor ajeno.
¿Qué hacer ante las desgracias que asolan al mundo? ¿Cómo convivir con ellas? ¿Cómo permanecer tranquilos en nuestras casas? ¿Cómo justificar la pasividad?
Ya en los albores del siglo XX Georg Simmel supo captar ese fenómeno. En aquel entonces, y ante la lógica falta de televisión, Simmel encontró en la ciudad y en sus habitantes esa especie de autodefensa y negación. Así describió con precisión quirúrgica al “urbanitas” de las crecientes urbes, atribuyéndole cierta “indolencia”: “La esencia de la indolencia es el embotamiento frente a las diferencias de las cosas (…) de modo que la significación y el valor de las diferencias de las cosas y, con ello, las cosas mismas, son sentidas como nulas. Aparecen al indolente en una coloración uniformemente opaca y grisácea, sin presentar ningún valor para ser preferidas frente a otras…” (Simmel, Georg, El individuo y la libertad, Barcelona, Ed. Península, 1998, p. 252).
Los medios de comunicación embotan, agobian. Demasiada información y poca reflexión crítica convierten a las noticias en simples variedades del momento. Llenar un espacio, producirlo, entretener, vender. Olvidar pronto.
Pero el cine… el cine es cosa seria. Así pasa con Snowtown.
Fantástica ópera prima del director australiano Justin Kurzel, Snowtown nos brinda todo lo que la noticia no puede: tiempo. La atmósfera creada, la banda de sonido, los planos, las actuaciones, todo con el tiempo suficiente para la descripción psicológica de los personajes y para la compenetración con la historia. Recordar para siempre.
La noticia, mientras tanto, permanece aún, perdida, oculta, disponible en los buscadores, accesible gracias a internet, sí, pero ya lejos, muy lejos de las primeras planas.
“La policía australiana anunció ayer el descubrimiento de restos humanos descompuestos pertenecientes a nueve cuerpos en bidones, en bolsas de basura halladas en un banco cerrado hace cuatro años en Snowtown y en el jardín de un casa de Adelaida, a 150 kilómetros al sur de Snowtown (…) En uno de los bidones se encontró ácido y varios de los cuerpos estaban desmembrados, pero la policía ignoraba ayer todavía cómo se habían producido las muertes…”
“La policía ha descartado hallarse ante un caso de pederastia, drogas, mafias locales o grupos neonazis y trabaja sobre la pista de un fraude a la Seguridad Social. <No creemos que sean asesinatos arbitrarios>, dice Paul Schramm, jefe del grupo de investigadores. Schramm reconoce que, aunque no se ha revelado la identidad de los cadáveres debido al avanzado estado de descomposición, se sospecha de quiénes se pueden tratar. De hecho, los cuerpos fueron hallados tras un año de investigaciones sobre personas desaparecidas en la región, una de ellas desde 1993”.
“Este caso supera el que hasta ahora era el mayor número de asesinatos compulsivos en la historia de Australia, perpetrados por Ivan Milat, el llamado asesino de mochileros, quien entre 1989 y 1992 mató a siete excursionistas australianos, británicos y alemanes y los enterró en un bosque de las afueras de Sidney”.
Snowtown
AÑO: 2011
DURACIÓN: 120 min.
PAÍS: Australia
DIRECTOR: Justin Kurzel
GUIÓN: Justin Kurzel, Shaun Grant
FOTOGRAFÍA: Adam Arkapaw
REPARTO: Daniel Henshall, Lucas Pittaway, Craig Coyne
PRODUCTORA: Screen Australia / Warp X Australia
WEB OFICIAL: http://snowtownthemovie.com/
GÉNERO: Drama | Crimen
A Johann le gusta robar. Le gusta. Lo excita. Su corazón se acelera, su ritmo cardiaco se dispara. A Johann le gusta robar y correr. Sí; buena combinación para alguien que roba y cada tanto, cuando es descubierto, debe correr, mucho. Y Johann corre, mucho. Al punto de que cuando sale de una de sus condenas, y luego de haber aprovechado el tiempo libre en la cárcel entrenando, gana la maratón de Viena siendo un total desconocido y sorprende a todos.
Y aunque como espectadores pasivos e impotentes reneguemos, suframos, discutamos desde el silencio infructuoso y no podamos entender por qué, Johann robará igual. Porque para qué arriesgarse a volver a la cárcel si es tan confortable sentirse libre nuevamente, si nos hemos encontrado con un viejo amor que nos sigue queriendo, si el mundo se nos ofrece nuevamente para ser vivido y es más, es más, y no deberíamos entrar en tantos detalles pero es más, tuvimos la suerte de salir airosos de unos cuantos robos y disponemos de suficiente efectivo para vivir plácidamente, sin esa otra cárcel que es el trabajo.
Pero Johann robará igual. A pesar de nuestra irrefutable lógica robará, porque lo importante no es el dinero (supuestamente el fin), lo importante es el robo (el medio).
Viejo amor: ¿Eso es todo lo que vale tu vida? ¿Ese poco dinero?
Johann: Lo que hago no tiene nada que ver con lo que tú llamas vida.
Viejo amor: ¿Y donde entro yo?
Johann: No esperaba encontrarte.
Ficha técnica:
TÍTULO ORIGINAL: Der Räuber (The Robber)
AÑO: 2010
DURACIÓN: 90 min.
PAÍS: Alemania
DIRECTOR: Benjamin Heisenberg
GUIÓN: Martin Prinz, Benjamin Heisenberg (Novela: Martin Prinz)
MÚSICA: Lorenz Dangel
FOTOGRAFÍA: Reinhold Vorschneider
REPARTO: Andreas Lust, Johann Bednar, Max Edelbacher, Walter Huber
PRODUCTORA: Coproducción Alemania-Austria; Nikolaus Geyrhalter Filmproduktion / Peter Heilrath Filmproduktion
GÉNERO: Thriller. Drama | Crimen. Robos & Atracos. Basado en hechos reales
La lentitud puede disfrutarse. El silencio también. Difícil en estos tiempos pero se puede.
La mitad de Óscar fue, al momento de finalizar, de esas que quedan como grandes películas, por lo menos, del cine español. En ese momento, cuando justo antes me preguntaba si habría música en los créditos (nunca la hubo), su director entró en mi panteón de directores del país ibérico.
Quizás exagero pero como suele decirse se trata de gustos y me gustó.
La mitad de Óscar me sumergió en la belleza del escenario, una Almería que me prometí conocer en algún momento antes del fin de esta vida. Un paisaje que no necesitó música para reflejarse especialmente cinematográfico. Un marco ideal para una historia sórdida de personajes que no dicen pero que sugieren.
La historia se escapa por los poros de la cara de Óscar, más que nada de Óscar. María, su hermana, vino por un motivo. Regresó sólo un momento, bastante segura de que su única opción era volver al exilio, a París.
El exilio de María es el escape de una historia, de una relación con su hermano que no se revela hasta el final pero que se intuye en todo momento. Pero Óscar no. Óscar nunca pudo escapar o nunca quiso. Óscar se quedó y revisó cada día su máquina contestadota esperando encontrar un mensaje, una señal. Pero no. Silencio total.
Ficha:
Película: La mitad de Óscar
Dirección: Manuel Martín Cuenca
Países: España y Cuba
Año: 2010
Duración: 82 min.
Género: Drama
Interpretación: Verónica Echegui (María), Rodrigo Sáenz de Heredia (Óscar), Denis Eyriey (Jean), Antonio de la Torre (taxista), Manuel Martínez Roca (Miguel), Salvador Gavilán Ramos (abuelo)
Guión: Alejandro Hernández y Manuel Martín Cuenca
Producción: Manuel Martín Cuenca, Camilo Vives y Joan Borrell
Esa noche soné que me extrañaba. Lo raro no fue soñar con ella, sino soñar que me extrañaba. Ese detalle me resultó curioso: deseaba que ella me extrañe.
A partir de ese hecho onírico pensé en la importancia del otro. Sin el otro, se podría exagerar que no existimos y no sería una exageración. ¿Cómo existir sin la mirada del otro? ¿Cómo sentirnos a gusto sin su aprobación? Y, en definitiva, ¿cómo ser feliz sin el otro?
El cine dice mucho. Las grandes movies dejan marcas.
Recordé la película dirigida por Sean Penn, con la maravillosa banda de sonido de Eddie Vedder. Vamos con una Super-sinopsis: Christopher está a punto que ingresar a la universidad tal como lo tenían previsto papá y mamá pero no no no nada de eso mejor me deliro con un viaje a manera de búsqueda espiritual por Estados Unidos y termino en Alaska naturaleza naturaleza y lejos muy lejos la civilización superficial y sin sentido y ahí voy a internarme en lo profundo pero ups!!! me enfermé muy feo y ya no puedo llegar a la civilización para que me cure pero aprendí un montón el viaje fue genial.
Recordé la película y recordé el final. En ese final el protagonista sintetiza, antes de morir (solo muy solo), todo lo aprendido en una frase que dice algo así: “La felicidad sólo es verdadera cuando es compartida”. Y así parece ser. Ese muchacho había recorrido mucho y al final de sus días sentía que había encontrado la felicidad. Pero no tenía con quien compartirla; no existía ni él ni su estado de felicidad.
Esa mañana después del sueño me levanté y la lluvia oscurecía el día. Al abrir internet, entre diarios, correos y otras páginas, me cruzo con un artículo sobre un film italiano inolvidable: “Nos habíamos amado tanto” de Ettore Scola. Y recordé nuevamente mientras veía la cortina de lluvia por la ventana. Recordé cuando vimos esa película juntos, cuando compartimos ese momento. Y la extrañé; soñé que me extrañaba; soñé que nunca había dejado de compartir la vida; soñé que era feliz…
La última película de (la bellísima; inevitable comentarlo) Angelina Jolie, acompañada en este caso por Johnny Depp (J.D.), peca de una cualidad propia de Hollywood y de un director alemán que, entre sus méritos (además de haber filmado “La vida de los otros”) está el de otorgarle, con su estrambótico nombre, un disimulo europeo al “cine yanki”; buena estrategia a la hora de seducir a unos y a otros: pochocleros taquilleros por un lado y, por otro, cinéfilos a punto de rozar la herejía, moviéndose con culpa en una delicada zona que no incluye ni el arte ni el espectáculo: ni chicha ni limonada. Esa parece ser la idea de las coproducciones Estados Unidos-Quien sea, en este caso Francia.
(Los párrafos largos son ricos en conceptos pero se adjudican el inconveniente de tener que volver).
Aquella cualidad de la que peca el film es la torpeza. “El turista” es torpe, y esto podría generar una nueva y larga digresión que ponga en discusión los conceptos “turista” y “viajero”, sus diferentes estilos y filosofías; pero evitémosla.
“El turista” es torpe. No respeta la lógica y el natural desenvolvimiento de la realidad. O sea, la gente no actúa como debería. Es como un mundo irreal, con sus propias reglas, como una Matrix.
Empecemos por argumentos menores, corriendo el peligro de recibir los motes de “fanático”, “detallista”, “obsesivo” y “porque no disfrutas de la película y te dejás de joder”, que ya no es un mote. Algunos de esos argumentos, que deberían saltar quienes no vieron la película, podrían ser:
1- La torpeza de la policía en las primeras escenas.
2- Entre cientos de pasajeros en el tren ella elije a J.D.
3- La información sobre J.D. es chequeada por expertos (¿no llamaron a la escuela?)
4- Después de esa cena en el tren se bajan juntos en Venecia, pero J.D. no le propone un nuevo encuentro en “la ciudad de los amantes”.
5- Al no creer la policía italiana la versión de J.D., este no intenta informarles sobre los disparos en el hotel que casi lo matan (muchachos, vayan y vean, simple).
En fin, etc. etc. etc. Todo sea por la supervivencia de un guión efectivo para los ingenuos, para la taquilla y para el comercio. Y si, está bien, podemos obviar esos detalles. Pero Pero… ¿es torpe por eso? Sí, pero más torpe por el comportamiento de J.D. en soledad, que es lo que motiva este texto.
Dirán sus defensores que es cine, que vamos hombre, que no seas tan duro y que el cine es máquina de sueños. Y si si claro. Pero como dijimos podemos dejar pasar esos 5 puntos arriba enumerados, pero no que J.D. se siga comportando como un simple turista cuando está completamente solo… No. De ninguna manera.
(Nuevamente, en adelante no leer los que no vieron la película)
El ejemplo más claro, entre tantos, es el momento en que J.D. pasa la noche en el sofá. Está demás decir que, al ser Alexander Pierce, no debería tener los sueños de un turista que ve como imposible conquistar a la chica de Alexander Pierce, ya que él es Alexander Pierce.
Es ahí, en esa vuelta sin sentido, donde queda expresada la torpeza del film, y es lo que provoca, al llegar la develación final, más desilusión que sorpresa, y es cuando a uno le ataca, si se dio cuenta, esa sensación de que la estructura, el guión y las actuaciones se forzaron para llegar a un “sorprendente final”.
Ficha:
Título: The Tourist
Título original: The Tourist
Dirección: Florian Henckel von Donnersmarck
País: Francia, Estados Unidos
Año: 2010
Fecha de estreno: 29/12/2010
Duración: 103 min.
Género: Drama, Thriller
Reparto: Johnny Depp, Angelina Jolie, Paul Bettany, Timothy Dalton, Rufus Sewell, Ralf Moeller, Raoul Bova, Steven Berkoff, Christian De Sica, Igor Jijikine
Guión: Julian Fellowes
Distribuidora: Sony Pictures
Productora: Studio Canal, Spyglass Entertainment, GK Films
Rodada con un limitado presupuesto y precedida por el premio del público del festival de Sundance, es el claro ejemplo de que una idea simple puede más que millones de dólares cuando se filma con delicadeza y sensibilidad.
Mezcla de musical moderno y documental, “Once” despierta los sueños de la bohemia por las calles de un Dublin encantador y multicultural. En ese escenario es imposible no sufrir un enamoramiento cinéfilo por causa de sus protagonistas principales.
Ninguno de los protagonistas tiene nombre, así que digamos que “chico” es un músico callejero que toca covers durante el día, habida cuenta su triste pero certera sapiencia que reconoce que el público prefiere malo conocido que bueno por conocer. Luego, durante la noche, ya con unas monedas recolectadas, puede tocar sus propias canciones. Tristes, apasionadas, desgarrantes, cautivantes, sus canciones nos recuerdan a las de Damien Rice; y más aún con la entrada de “chica”. “Chica”, una inmigrante checa, se detiene cautivada por el talento de “chico”, y en el transcurrir de la relación terminará sumándose a “chico” con su encantadora voz y su melancólico piano.
Pero cuidado. Advertencia a los corazones frágiles. “Once” (“Una vez”, en castellano) es una historia de amor frustrada. Una película de esas que el espectador se contiene para no gritar “¡que se besen!”, pero sabe, en el fondo sabe, que ese beso nunca llegará, y que desea, a pesar de todo desea, estar en la piel del protagonista.
Y también es de esas en la que uno desea enamorarse nuevamente y teme, teme mucho, tiene miedo de que el amor sólo llegue “Una vez”.
Ficha:
TÍTULO ORIGINAL: Once
AÑO: 2006
DURACIÓN: 85 min.
PAÍS: Irlanda
DIRECTOR: John Carney
GUIÓN: John Carney
MÚSICA: Glen Hansard, Markéta Irglová
FOTOGRAFÍA: Tim Fleming
REPARTO: Glen Hansard, Markéta Irglová
PRODUCTORA: Samson Films
Rodada con un limitado presupuesto y precedida por el premio del público del festival de Sundance, es el claro ejemplo de que una idea simple puede más que millones de dólares cuando se filma con delicadeza y sensibilidad.
Mezcla de musical moderno y documental, “Once” despierta los sueños de la bohemia por las calles de un Dublin encantador y multicultural. En ese escenario es imposible no sufrir un enamoramiento cinéfilo por causa de sus protagonistas principales.
Ninguno de los protagonistas tiene nombre, así que digamos que “chico” es un músico callejero que toca covers durante el día, habida cuenta su triste pero certera sapiencia que reconoce que el público prefiere malo conocido que bueno por conocer. Luego, durante la noche, ya con unas monedas recolectadas, puede tocar sus propias canciones. Tristes, apasionadas, desgarrantes, cautivantes, sus canciones nos recuerdan a las de Damien Rice; y más aún con la entrada de “chica”. “Chica”, una inmigrante checa, se detiene cautivada por el talento de “chico”, y en el transcurrir de la relación terminará sumándose a “chico” con su encantadora voz y su melancólico piano.
Pero cuidado. Advertencia a los corazones frágiles. “Once” (“Una vez”, en castellano) es una historia de amor frustrada. Una película de esas que el espectador se contiene para no gritar “¡que se besen!”, pero sabe, en el fondo sabe, que ese beso nunca llegará, y que desea, a pesar de todo desea, estar en la piel del protagonista.
Y también es de esas en la que uno desea enamorarse nuevamente y teme, teme mucho, tiene miedo de que el amor sólo llegue “Una vez”.
- Entonces Atila alzó la granada en lo más alto diciendo: “oh infalible y egregia granada, ayúdame a convertir en mil pedazos a mis enemigos” y el sol resurgió, y el pueblo lo festejó comiendo en comunidad una oveja y anchoas y carpas y garbanzos y orangutanes y sopa de arroz y frutas y murciélagos…
- Comeos la paja hermano.
- Y de este modo se hará: Primero deberá extraerse el punzón, luego, se contará hasta 3, ni más ni menos. 3 es el número que se contará, y el número de la cuenta será 3. No se deberán contar 4 ni se contarán 2, salvo para seguir después a 3. Eliminado será el 5. Una vez que se haya mencionado dicho número 3, se enviará cual rayo la Granada de Antioquía sobre el enemigo, que por su mal comportamiento será exterminado
- Amén.
- Amén.
- Bien. Uno, dos, cinco…
- Tres señor.
- ¡Tres!
———-
- ¡¡Es una bruja!! ¡¡Es una bruja!!
- ¡Sí, a mí me convirtió en grillo!… Y mejoré.
- ¿Cómo podéis saber si es una bruja? En realidad, sólo hay una forma de descubrirlo. Cuando las brujas van a la hoguera, ¿qué les sucede?
- ¡Se queman, se queman!
- ¿Y qué otra cosa se quema también? ¡La madera! ¿Y qué ocurre con la madera?
- ¡Que flota, que flota en el agua!
- Muy bien. ¿Y qué otra cosa flota en el agua?
- ¡Un ganso!
- Perfecto. Entonces, para saber si es una bruja habrá que ver si pesa como un ganso. ¡A la balanza!
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Ya no somos los caballeros que dicen ¡NI! Ahora somos los caballeros que dicen “eki eki eki eki eki eki TAPAAAAAANNN!!!!” y para pasar debéis cortar el árbol más alto del bosque con uuuun… ¡¡¡ARENQUE!!!
———-
- STOP! Quien el puente desea atravesar, 3 preguntas deberá contestar o al abismo irá a parar.
- Haced las preguntas, guardián, no tengo miedo.
- ¿Cómo os llamáis?
- Sir Lancelot de Camelot.
- ¿Qué buscáis?
- Busco el santo grial.
- ¿Cuál es vuestro color favorito?
- El verde.
- Gracias, podéis pasar.
———-
Ficha:
TÍTULO ORIGINAL: Monty Python and the Holy Grail
AÑO: 1974
DURACIÓN: 90 min.
PAÍS: Reino Unido
DIRECTOR: Terry Jones, Terry Gilliam
GUIÓN: Terry Gilliam, John Cleese, Michael Palin, Graham Chapman, Eric Idle, Terry Jones
MÚSICA: Neil Innes
FOTOGRAFÍA: Terry Bedford
REPARTO: John Cleese, Michael Palin, Graham Chapman, Eric Idle
PRODUCTORA: Columbia
GÉNERO: Comedia | Edad Media. Película de culto