Un mosquito zumba en el oído, un sueño se desvela, un blog despierta…
Un amigo diría que todo es ego ego y que no hay nada más que ego. Otra persona puede pensar que es la necesidad de tener existencia en la red (ese otro mundo, según muchos sociólogos, en el que cada vez resulta más imperioso existir, algo así como la afirmación que reza que “si no estas en la red no existís”). Pero lo cierto es que esta especie de revista personal junto con el hecho de estar expuesto, de que las personas lean lo publicado y la necesidad de mantener con vida la página, estimuló mi adormecida voluntad de escribir. Quedan invitados a participar.
Por último, este texto no estaría completo sin un homenaje, por supuesto, al mosquito.

Mosquito belicoso
La familia Culicidae (no son napolitanos, son mosquitos)
El universo de los mosquitos se compone de 3.200 especies que suelen simplificarse en una: simplemente mosquito.
Esa partícula voladora puede encontrarse en cualquier parte del mundo, desde el trópico hasta el círculo ártico y desde el nivel del mar hasta los 5.000 metros de altura. Donde seguro no lo encontrarán (vivo) es en aquellos lugares en los que el aire se encuentre mezclado con permetrina, d-tetranetrina, solvente hidrocarburo, propelentes y enmascarantes, lo que todo mezclado y envasado puede llamarse más cómodamente “Fuyí”.
Nuestro amigo supera la aversión humana gracias a la reproducción, tal como nosotros superamos la muerte, o sea, enmarcándonos dentro de generaciones y generaciones. Dicha lucha la lleva adelante en cuatro fases larvales que tienen su terreno fértil en espacios acuáticos. Huevo y larva son las dos primeras. La tercera, un estadio de pupa (sí, pupa suena gracioso) marca la transformación que origina su forma tal cual lo odiamos, el momento de ez o cuarta fase.
En cuanto a la alimentación hay diferencias de género y causará consternación saber que de los miles de mosquitos que hemos matado en nuestras vidas no existió un sólo macho. Esa catástrofe revelada tiene su explicación en el hecho de que sólo las hembras ingieren sangre (hematofagia) con la “intención” de captar más proteínas para poder desarrollar los huevos.
Por supuesto que el mosquito no es sólo víctima y también es, aunque no sea consciente de ello, victimario. Así, sumado a su carácter molesto, las enfermedades mortales que trasmite lo convierten, quizás junto con la cucaracha, en el insecto más odiado del mundo. Vaya mérito para ese pequeñín.

